Ahora me da una pena enorme mirar por la ventana de Vivaceta. Es que en la ventana de mi pieza hay un árbol muerto aún, por lo que no puedo sentarme ahí a mirar el cielo, tampoco puedo bajar al patio del primer piso ni nada de eso. Así que debo ir a mirar por la ventana de Vivaceta pero me da pena.
Porque allá, en la dirección que veo está mucho de lo mío. Mi amiga de paseos en bicicleta, la niña a la que le gusta maga, esa que ahora casi casi repudio, el niño de los árboles de alambre, ese panda que tanto quiero y también un montón de caballos.
Pero estoy acá, encerrada y triste, viendo como caen las hojas de los árboles siendo que estamos en verano. Prefiero mirar la calle que está justo abajo, pero la gente que camina me mira con cara de extrañeza y no quiero que me miren.
Al menos no hoy.
Cuando era niña, era inteligente
Hace 12 años